Si una noche, apenas conocernos, no solo sentí como sombras frescas y cálidas frazadas cada una de tus palabras, si estreche tu mano en ruidosos recintos, si me enrede entre tus rizos, es verdad, algo esperaba a cambio: el recuerdo del reflejo de una sonrisa en la ventana que daba al jardín.
Aún hoy espero el intercambio ágil de esperanzas disimuladas, un tumulto de gusanos abriéndose paso en el laberinto de mis tripas, al verte coincidir y tropezar conmigo en algún evento lleno de sordos y ciegos testigos involuntarios e ignorantes de tu secreto, el que aun te guardo.
Admirar la sucesión interminable de chispas brillantes que se anidan en nuestros ojos y que disparamos por las pupilas, que al contacto con la luz de los faroles, se reflejan como estrellas y relámpagos rojos sobre las calles mojadas en agosto.
El vapor caliente de un café matutino o vespertino (Tal vez congelado en el espacio-tiempo), evaporándose y desvaneciéndose en la resequedad de tus labios o los míos.
Y si un testigo ignorante, dejara de serlo; negar el intercambio de esperanzas, el tumulto de gusanos, el secreto, las chispas en los ojos, el vapor que humedece los labios.
Apenas aceptar el vago recuerdo de una sonrisa reflejada en esa ventana (nunca la del jardín)
Crear y creer cada uno de tus desvaríos que llamas fantasías,
Tragarme la diminuta llave de la caja de experiencias inconclusas;
Salpicar el miedo, la soberbia y la cobardía con lágrimas clandestinas,
Intuir por qué diste más de diez vueltas en la cama una noche de diciembre y tal vez un par en enero, sin poder dormir;
Saber que sabes (crees) que no soy inocente, y que tú no eres culpable, ni ella, ni ellos, ni nosotros,sobre todas las cosas, somos enemigos.
Elisa, esta primer entrega tuya me recordó algo que escribió Gibrán en "El loco". Saludos.
ResponderEliminar"AMIGO MÍO Amigo mío... yo no soy lo que parezco. Mi aspecto exterior no es sino un traje que llevo puesto; un traje hecho cuidadosamente, que me protege de tus preguntas, y a ti, de mi negligencia. El "yo" que hay en mí, amigo mío, mora en la casa del silencio, y allí permanecerá para siempre, inadvertido, inabordable. No quisiera que creyeras en lo que digo ni que confiaras en lo que hago, pues mis palabras no son otra cosa que tus propios pensamientos, hechos sonido, y mis hechos son tus propias esperanzas en acción... Amigo mío, eres bueno, discreto y sensato; es más: eres perfecto. Y yo, a mi vez, hablo contigo con sensatez y discreción, pero... estoy loco. Sólo que enmascaro mi locura. Prefiero estar loco, a solas. Amigo mío, tú no eres mi amigo. Pero, ¿cómo hacer que lo comprendas? Mi senda no es tu senda y, sin embargo, caminamos juntos, tomados de la mano."
:) Excelente, gracias por tu lectura Dante, un abrazo.
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